¡Hola LasPeonias! El verdadero problema hay que buscarlo en el origen. Efectivamente, cuando el Banco de España se percató (su obligación era percatarse de ello) de que el nivel de endeudamiento hipotecario, a nivel global, estaba a punto de superar el límite máximo admisible, debería de haberlo puesto en conocimiento (se supone que lo hizo) del Ministerio de Economía y Hacienda y éste (se supne que lo hizo) en conocimiento del Consejo de Ministros,es decir del máximo organismo de la Administración Pública. ¿Qué hubiese podido hacer entonces al respecto la mencionada Administración Pública? ¿Prohibir a los bancos que concediesen préstamos hipotecarios a tan bajo interés y a tan largo plazo de devolución de los mismos? No, porque en una sociedad de libre mercado dichos términos los pactan libremente banco y cliente. ¿Poner a un inspector público al lado de cada tasador para que no tasase de forma tan exageradamente alta? No, porque los inspectores públicos podrían ser presuntamente corruptibles al respecto. Entonces ¿qué hubiese podido hacer? Pues, muy sencillamente, aplicar el artículo quinto de la Ley Reguladora del Mercado Hipotecario (que aún está en vigor), que dice que no se puede prestar más del 80 % del valor de tasación, y como que una ley se modifica con otra ley y dada que la misma es una ley reguladora, la Administración Pública la hubiese podido ir modificando a la baja, es decir sustituyendo el 80 % por el 70 % o el 60 % o el 50 % o el ..., hasta conseguir que, por más bajos que fuesen los intereses, por más largos que fuesen los tiempos de devolución y por más altas que fuesen las tasaciones, el capital prestado fuese tan bajo que o los vendedores de construcciones y de terrenos o bajasen de precio o no pudiesen venderlos. En otras palabras evitar la generación de la burbuja inmobiliaria que tanto nos ha perjudicado, hundiendo a bancos, generando elevadísimas tasas de paro y, en definitiva hundiéndonos a todos en la más estricta miseria (a este paso vamos a llegar a la hambruna). Por tanto el único responsable de la actual situación es la Administración Pública (desde que empezó hace más de diez años) hasta nuestros días. Estoy seguro de que si a los administradores públicos (también llamados políticos) se les exigiesen responsabilidades civiles y penales, no tan sólo por sus presuntas faltas de honestidad y honradez, sino por su mala gestión, no estaríamos donde muy lamentablemente estamos, pero como en vez de ello, cuando se van, aún los premiamos con astronómicas jubilaciones, con entrada en el Consejo de Estado y con otras prebendas tanto públicas como privadas, así vamos. O somos unos masoquistas o, lo que es más probable, nos falta una elevadísima dósis de cultura política que nos permita ser muy responsables a la hora de exigir a los administradores públicos (políticos) un fiel cumplimiento de todas sus obligaciones, castigándolos debidamente cuando no lo hagan. Mientras haya ciudadanos que digan "yo de política no entiendo", "a mí no me interesa la política", "yo voto a tal porque lo hace el cantatnte cual", etc., iremos mal. La sociedad debe organizarse de forma tal para que a la hora de votar lo pueda hacer con suficiente conocimiento de causa y, por tanto, de forma responsable. Imaginémonos una escalera de vecinos de doce pisos de altura en la que el propietario del piso doceavo es de los que dice "yo paso de la comunidad" en la que dicha comunidad reunida decide no reparar el ascensor. Como que el mencionado propietario del piso doceavo no va a las reuniones, ni se opone ni impugna los acuerdos tomados en las mismas, resultará que tendrá que pasarse el resto de su vida subiendo y bajando los doce pisos de altura a pie. Pues esto es lo que nos pasa a nostros por "pasar de la política". Es verdaderamente muy lamentable. Pero lo aún más grave es que las cosas se han maleado hasta tal extremo que han o hemos de caer muchos en el camino hasta que no se encuentre el camino para tratar de iniciar una incipiente solución. (Como decía aquél: Menos mal que esta situación no será eterna, porque antes nos moriremos. Parece sarcástico, pero me parece que no anda demasiado lejos de la triste realidad).